lunes, 30 de marzo de 2015

Un problema con la Realidad 1

En las últimas dos horas de la existencia, solo el horror sobre la faz de la tierra, en donde las personas se miraban mutuamente, se suplicaban unas a otras la muerte, habían quienes no eran capaces de hacerlo por sí mismos, los más desquiciados comenzaron por acabar con la vida de sus más cercanos a modo de piedad, esperando que de alguna u otra forma existiese escapatoria a lo que se avecinaba. El horror era tal, que ni los que comúnmente saquean se atrevían a romper un solo vidrio por algo distinto que no fuese cortar sus venas.

Ya hace más de una semana que se había anunciado el acercamiento de esto, y por causa de la distorsión del espacio y el tiempo era imposible determinar sus dimensiones, podía ser tan grande como una galaxia o tan pequeño como la cabeza de una alfiler, pero eso era imposible de determinar ya que rompía de con todas las leyes de la naturaleza conocida. Lo que si era completamente seguro era que su acercamiento emitía  desde el principio de los tiempos una frecuencia, un tipo de onda que afectaba directamente a los seres vivos, y específicamente a los humanos, al sistema Límbico, el cual se hacía evidente solo con determinados tipos de estímulos, estas ondas provocaban lo que vulgarmente se conoce como EL MIEDO, algo que era un atisbo de la poderosa señal que ahora se acercaba con mayor intensidad y frecuencia llegando al cerebro de cada hombre, mujer y niño en el mundo.

Ahora, por primera vez en la historia de la humanidad, se hacía frente a origen de todo miedo, porque aquel sentimiento no es una respuesta adaptativa al peligro tal y como supusieron las ciencias, sino una reacción  provocada por esta emisión primigenia desde el cosmos, desde aquello que colisionará con el sistema solar en menos de dos horas y que ha envuelto el espectro visible desde el nuestro planeta para con todo el cosmos, Ahora solo se observaba un sol tenue que era envuelto por una vacuidad aterradora, en los observatorio espaciales, los científicos arrancaban sus ojos intentando quitar la necesidad adictiva de mirar por los telescopios el vacío que pone fin a todas sus teorías.

Ya en la última hora, el silencio absoluto, algo bloqueo toda vibración posible sobre la materia, y tal y como si fuese el vacío, ya nada era posible de ser audible, algo que solo generó un caos mayor, una sensación de claustrofobia universal, sentían que cada espacio era demasiado pequeño, sus cuerpos, las habitaciones las ciudades o países, incluso el propio planeta les generaba una sensación irracional de encierro, algunos subían edificios para saltar buscando dentro de su locura, la sensación de despegar del mundo, convertirse en estrellas o planetas gigantes, porque el horror de ser una partícula en medio de la eternidad es algo que solo los seres humanos podemos entender. La claustrofobia de estar limitado en todo a unas cuantas dimensiones, mientras se saborean miles de otras paralelas pero que no podemos controlar, eso es propio de los humanos.

En medio del pavor más silencioso, el hombre más tranquilo de todos, Alejandro, caminaba observando al cielo, notando como la vacuidad se tornaba de un color verdoso brillante y en medio de esto, grandes espirales blancas  que al concentrarse en el centro parecían adoptar la forma de ojos más grandes que el sol mismo, como si algo observase.

Alejandro había sido víctima de un intento de homicidio hace más de un año, un disparo en su cabeza afectó directamente su amígdala impidiéndole que pudiese procesar cualquier señal cerebral que pueda ser percibida como miedo, sin importar cuan intensas fuesen las señales de lo que se acercaba, este jamás sentiría ningún miedo, muy por el contrario, solo una constante curiosidad lo envolvía. Este era como un observador pasivo, quien solo podía atestiguar el horror pero no ser partícipe, mucho menos hacer contacto con el este.

Ya en últimos 15 minutos, la población total del planeta se había reducido a Alejandro y un pequeño bebé que no parecía llorar. Este permanecía en los brazos de una mujer con el cuello completamente rebanado y liberando las ultimas gotas de sangre sobre el rostro del pequeño. Entonces, Alejandro lo tomo en brazos, observo bien, notó que era una niña, una pequeña niña bebe de menos de un año de edad y que en su cabeza, había una enorme cicatriz.
-Quizás tienes el mismo problema que yo… quizás solo eres curiosa y tu mente no está nublada por el miedo, quizás podamos ver ambos lo que hay detrás del ojo.

Con la bebé en brazos cubierta de sangre, el hombre sin miedo caminó por una enorme avenida tapizada con cuerpos humanos, mientras avanzó, observó lo que claramente era un enorme ojo que parecía estar lleno del cosmos, quizás una puerta, quizás una ventana, ya que parecía tragar a medida que avanzaba, cada enorme cosa que se cruzaba, a veces parecía tan grande que la vista no alcanzaba a cubrir su extensión, parecía ser un ojo en todas las direcciones y en otros momentos, parecía que miraba fijamente. Alejandro podía ver su centro y en él, el reflejo de sí mismo caminando hacia el ojo, pero algo tenía este reflejo. Él mismo, era un hombre robusto y de pelo claro, pero en aquel reflejo, se observó a sí mismo moreno, algo famélico y de rostro enjuto, un poco más alto y en sus manos, cargaba ya no un bebé, sino un niño, tan moreno y famélico como él mismo en su reflejo.

Cuando se encontró frente a lo que avanzaba, notó que su reflejo no siempre imitaba su movimiento, a veces difería un poco de él, pero Alejandro sabía perfectamente que eso que estaba allí, era él mismo. Fue entonces cuando el horror se detuvo, ya no siguió avanzando, como si todo aquel espectáculo hubiese sido para ambos, el reflejo estiro el brazo, abriendo su palma, con lo que aparentemente parecía ser un gesto para que Alejandro también posase su mano sobre el ojo. Cuando posó su mano, Alejandro pudo observar claramente como el enorme ojo del cosmos, comenzó derretirse en un mar de una chorreante sustancia negra, lo cual terminó por cubrir todo su cuerpo y por debajo de esta cálida sustancia, se podía observar el espacio, como si el planeta ya no estuviese allí, tan solo él y la bebé en medio de la nada, en donde una docena de luces en el infinito se encontraban a su alrededor y sin aviso, todas comenzaron a apagarse como si fuesen velas que se extinguen por un soplido.

-No te duermas ahora, quizás esto se siga poniendo más interesante

Como si la bebé entendiese, esta comenzó a tomar el mentón de Alejandro, quien la acomodó en su pecho de tal forma que ambos podían mirar a la misma dirección, a una estrella que parecía acercarse, o quizás, que ellos se dirigirán, algo imposible de distinguir dada la falta de marcos de referencia en la vacuidad.

Ya la luz parecía del tamaño de una pequeña canica en relación a su mano; pero de pronto, adoptó una nueva forma al definirse a la vista gracias a cercanía, algo que no era por si solo sino en su conjunto y que dibujaban un ovalo tipo astro el cual expulsa una brillante luz. Cada elemento dentro de esta gran bola era una letra y cada cierta cantidad de letras se formaban palabras y estas, creaban frases e ideas que es su conjunto parecían formar un solo gran párrafo el cual reza así:


 
-¿Qué tan posible puede ser esto?- pensó Alejandro.- la posibilidad de que esto, de que nada de esto fuese real.

Entonces lo comprendió, comprendió su realidad, incluso de manera más lúcida que aquellos que leen estas palabras, incluso más de lo que el propio autor hubiese imaginado, INCLUSO MÁS QUE CUALQUIER PERSONAJE O AUTOR HUBIESE IMAGINADO ANTES. Ahora comprendía que el universo mismo era parte de una fantasía literaria, de una sopa primitiva de ideas que se gestó en la cabeza y el alma de un único individuo que plasma paso a paso letras que terminan por armar una historia y su extraño argumento, pero que sin duda han dado pie para que dos de sus personajes, rompieran el molde y escaparan más allá de la pequeña idea que figura en estas letras. Fue en ese momento como casi al instante mismo que seguía viendo el astro de letras, que pudo casi verlo ahí sentado, frente a un computador de letras negras, como al instante en que avanzaba la historia, vio como al autor se le crisparon los dedos solo por el hecho de que una enorme idea llegaba de golpe.

Finalmente, el universo desapareció y Alejandro, recordando todo lo que había pasado, se encontraba en un desierto árido y pedregoso, un lugar en el que parecía no haber vida, y sobre sus brazos, sosteniendo ya no una bebe, sino un niño famélico que yacía dormido, justo ahí comprendió que sus cuerpos habían sido transmutados en estas nuevas formas, las que había visto a través del enorme ojo, que no era sino, la Mare Magnum de fantasías a las que pudo acceder él mismo como parte de su creación.

Alejandro comprendió que ya no estaba en el fin de los tiempos, sino en el comienzo de una nueva historia, una que le permitiría escapar a nuevos confines, más allá de la imaginación de un simple autor.

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